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La investigación, otra forma de ser responsables

Imagen ampliadaLa adopción de las políticas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en el seno de una institución implica en primer lugar un profundo proceso de conocimiento interno para analizar el funcionamiento real de la entidad y descubrir qué procedimientos son susceptibles de mejora. Por un lado debe comunicar interna y externamente su propia realidad y buen hacer y, por otro, volcarse en iniciativas para la comunidad.

Dentro este mecanismo reside el principio de reciprocidad, como una manera de filantropía comunitaria. En este sentido, la investigación comporta un valor en sí misma en su acepción como “forma de desarrollo de actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático con el propósito de aumentar los conocimientos sobre una determinada materia”.

Por este motivo, destinar los recursos de una entidad hacia la investigación genera un compromiso social, dado que los esfuerzos se orientan a optimizar los servicios que presta y,  por ende, a ofrecer un beneficio para la sociedad. La I+D+i posee un aspecto solidario propio en la transferencia de resultados, que posibilita que se compartan los avances y que otras entidades puedan continuar los estudios iniciados.

De esta forma, la investigación actúa como herramienta de legitimación de las políticas de RSC de una institución, validando su actuación interna y externa. La adopción de una estructura empresarial orientada hacia la I+D+i involucra a todas las partes interesadas de una entidad: empleados, directivos, proveedores, clientes, la comunidad y finalmente la sociedad, en un objetivo que supera al propio lucro.

La investigación, como herramienta de RSC, cohesiona a entidades en diferentes estamentos, facilitando las sinergias entre universidades, centros de investigación públicos y privados, las administraciones públicas y empresas, creando conocimiento, progreso, riqueza, empleo y en definitiva, una sociedad más avanzada.

Responsabilidad internacional

Aplicar políticas de Responsabilidad Social Corporativa en la estrategia de negocio de una empresa constituye uno de los primeros retos a los que tiene que enfrentarse una institución si posee una vocación sincera. Asumir estos principios dentro de la organización implica ponerlos en práctica en cada una de las áreas de la empresa, incluido en el ámbito internacional.

Cada país se rige por su normativa legal y audita a las compañías en función de las normas y leyes propias. A la hora de pensar en empresas multinacionales resulta sencillo evocar a las grandes como Apple, Nike o Zara en el caso español. Gigantescas corporaciones que sustentan sus cadenas de producción principalmente en los países asiáticos. Oficialmente cumplen con las leyes en cada uno de los países en los que se extienden, pero ¿es socialmente justo aprovechar normativas más laxas para reducir salarios e incrementar jornadas en comparación con el país de procedencia?

Los centenares de fallecidos en el desastre de Bangladesh de 2013 consiguieron dirigir el foco hacia las empresas textiles y pusieron en tela de juicio las políticas de responsabilidad social fuera de las fronteras del país de origen. Una responsabilidad que se realiza con la condescendencia de las sociedades desarrolladas que obvian el comercio “justo” para poder renovar el armario cada temporada. Este catastrófico accidente sirve para reflexionar y valorar cómo se cumple la estrategia de RSC dentro de una compañía internacionalizada.

En septiembre de este año, las Naciones Unidas presentarán los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que serán las nuevas metas hasta 2030. Entre las modificaciones previstas, se espera ampliar los principios del Pacto Mundial a diecisiete y potenciar la equidad entre los distintos países. Dos de los nuevos preceptos, todavía en desarrollo, añadirán un impulso por “fomentar el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos” y por “reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos“.

De esta forma, los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible del Pacto Mundial ponen énfasis en respetar las condiciones de trabajo en todos los países por igual y abogar por que ese compromiso sea asumido por las entidades firmantes. Para Naciones Unidas las empresas, instituciones educativas, sector público y asociaciones están llamados a ser el motor del cambio.

Algunos países se están adelantando en esta materia y pretenden regular la responsabilidad de sus empresas fuera de su país. En mayo del pasado año, el Senado de Francia aprobó por una amplia mayoría el proyecto de ley de orientación y programación de política de desarrollo y solidaridad internacional, y el pasado 30 de marzo se aprobó un proyecto de ley sobre la diligencia de las empresas matrices y sus subcontratas en este ámbito.

El proyecto de ley realiza un interesante repaso sobre los intentos de organizaciones internacionales por fijar directrices de aplicación para las multinacionales, como la OCDE o Naciones Unidas, y enumera las regulaciones anteriormente llevadas a cabo en otros países como Reino Unido, Suiza, Italia, Canadá o los Estados Unidos.

Sin embargo, como se sugería al principio, la Responsabilidad Social Corporativa no debe limitarse al cumplimiento de los mínimos normativos que exigen las legislaciones de cada país, sino a un compromiso real y uniforme de las organizaciones en cada uno de los lugares donde se establecen.

En este sentido, la popular norma ISO 26000 puede servir de guía para orientar a las organizaciones sobre cómo implementar la Responsabilidad Social Empresarial y ver de qué manera las decisiones de las empresas influyen en el entorno. Una idea que ya incluía la norma norteamericana SA 8000 de 1997, que nació con la misión de mejorar las condiciones de trabajo a nivel mundial.

Responsabilidad corporativa interna

A principios del siglo veinte, el psiquiatra Jacques-Marie Émile Lacan enunciaba su Teoría del Espejo, en la que relataba el comportamiento de las personas conforme a su aprendizaje y sus manifestaciones como simulaciones de la realidad que contemplaban. Este planteamiento, trasladado a la comunicación y a la responsabilidad social, apunta hacia su origen dentro de una entidad.

La responsabilidad social para una empresa comienza en la propia responsabilidad corporativa interna. Empezando desde el interior resulta posible ir creciendo para establecer un vínculo de compromiso con la sociedad externa a la empresa.

Obviamente, la adopción de políticas de RSE internas en una empresa es algo opcional, pero posee sus consecuencias positivas si se practica. Dichas políticas fijan los valores y la filosofía dentro de una entidad, posibilitando que tanto la empresa, como los profesionales de la misma reflejen en sus actos y políticas el espíritu interno y la realidad social de éstas. En otro orden, se emplean como forma de diferenciación en el mercado laboral y para atraer aptitudes.

En esta época la sociedad es más exigente con el bienestar laboral, menos conformista, demanda constantemente mejoras en las condiciones laborales y busca la posibilidad de conciliar trabajo, familia y tiempo libre. Crear un vínculo más fuerte con la empresa a través de la RSE interna reafirma el compromiso, la participación, los programas de aprendizaje… incentiva la productividad, la motivación y la sensación de implicación por parte del trabajador.

La RSE interna podría conceptuarse como la parte de la responsabilidad social corporativa que gestiona de manera social, sostenible, ética, humanista y solidaria los Recursos Humanos de una empresa.

Aunque no exista algo que sea fiel copia de una realidad física, como apuntaba el filósofo Rudolph Arnheim, sí es posible configurar espejos imperfectos que reflejen el compromiso social de una entidad.

La trampa del plástico

Mientras leemos este post solamente tenemos que levantar mínimamente la vista y mirar a nuestro alrededor para encontrar decenas de artículos de plástico. Los tenemos en el propio teclado o ratón del ordenador, la pantalla, el teléfono móvil, los bolígrafos, botellas de agua, envases para alimentos…

Estamos literalmente rodeados de plástico y como vivimos en un mundo globalizado, sucede así en la mayor parte del planeta. Aunque en este caso también ha diferencias, en unas zonas se consume y se tira, mientras que en otras se almacena en forma de basura.

Reciclar los envases de plástico o simplemente evitarlos resulta más importante de lo que pensamos. Hemos creado un mundo de plástico, pero se nos olvidó empezar a tratarlo desde un principio y ahora lo hacemos tarde y mal. Da qué pensar que los plásticos que hemos usado en nuestra vida nos sobrevivirán.

A principios de 2013, el investigador y doctor del Australian Research Council Erik Van Sebelle realizó unas declaraciones en la emisora australiana ABC  acerca de la “sopa de plástico” que dieron la vuelta al mundo. Su mensaje fue claro: “se tardarían al menos 500 años en parar el crecimiento del plástico en los océanos suponiendo que se dejará de tirar al mar plástico mañana”. Un plástico que acaba mezclándose con el plancton y termina dentro de la cadena alimenticia de los peces.

La situación alcanza unos niveles alarmantes, sobre todo porque los esfuerzos realizados han tenido prácticamente una repercusión nula. En 1997 el oceanógrafo de la Fundación de Investigación Marina Algalita,  Charles Moore hablaba ya de la gran mancha de basura del pacífico se extendía entre la costa de California, rodeaba Hawái y alcanzaba a Japón.

Diferentes corrientes de investigación se centran en buscar alternativas al uso del plástico y, por supuesto, reciclarlo. Sin darnos cuenta, ya estamos consumiendo plásticos que en su segunda vida. La European Association of Plastics Recycling and Recovery Organisations cada año saca una clasificación de los mejores productos realizados con plástico reciclado. En España existen asociaciones sin ánimo de lucro, como Cicloplast, que se dedican a potenciar el reciclaje de plásticos.

Alternativas orgánicas

En cuanto a las alternativas al uso de derivados del petróleo, se están desarrollando proyectos en todo el mundo a partir de diferentes sustancias. Por ejemplo, el Centro de la Agroindustria Adesva ha conseguido desarrollar un plástico agrícola biodegradable que esperan poder comercializar en 2015.

El Centro Tecnológico español Ainia coordina un proyecto europeo,  PHBottle que consiste en la identificación de unas bacterias que generarán plástico biodegradable. Tal y como indica el Instituto Nacional de Tecnología Industrial de Argentina INTI, que también participa en el proyecto: “Tiene por fin crear una botella de plástico fabricada a partir de los azúcares contenidos en las aguas residuales de la industria de jugos. Se prevé que el material tenga propiedades antioxidantes que permitan conservar por más tiempo la bebida que contenga y, por último, que se trate de un polímero totalmente biodegradable”.

Otro de los estudios sobre plástico biodegradable es el que lleva a cabo el Instituto Tecnológico del Plástico, AIMPLAS, producido íntegramente a partir de la paja de trigo.  Al igual que en el caso anterior,  los investigadores emplean una bacteria (normalmente, Ralstonia eutrophus o Bacillus megaterium), que se alimenta de los azúcares obtenidos de la paja de trigo.

Esta iniciativa forma parte del proyecto europeo Bugworkers, en el que se usan materiales basados en una matriz biopolimérica de polihidroxibutirato y nanofibras lignocelulósicas. En principio se le daría un uso para aparatos electrodomésticos y equipamiento electrónico y de telecomunicaciones.

El plástico, tan habitual y práctico en nuestra vida diaria, posee una segunda vida que es nociva para el ecosistema y que todavía se encuentra descontrolada. Al igual que sucede con otros materiales, merece la pena ser responsables y actuar cada uno en su entorno para evitar que la trampa del plástico se haga cada vez más grande.

Correr por la solidaridad: II San Silvestre Málaga Sana

Las carreras de San Silvestre se han convertido en un clásico de las Navidades: Vallecas, Sevilla, Zaragoza, Barcelona… sitúan en estas fechas su popular competición atlética para todas las edades.

Desde el año pasado, uno de los barrios más característicos y necesitados de Málaga también se celebra su particular carrera, en este caso, la organizan con fines solidarios; como ellos dicen, ‘por una buena causa’.

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Previamente y durante la competición se recogerán aportaciones voluntarias para el C.D. 26 de Febrero y se colaborará con ‘Er Banco Güeno’, un nuevo comedor social en el barrio Palma-Palmilla, donde se celebra la carrera.

Las inscripciones pueden hacerse por Internet y también han creado un hastag #mareanaranja. Esperamos que recauden lo suficiente y vuelvan a unir el próximo año deporte y solidaridad.

Creando un modelo de empresa saludable

El desarrollo de un entorno de trabajo saludable está ligado a la ética empresarial. Crear un ambiente que no haga daño a la salud física o mental, a la seguridad y el bienestar de los trabajadores es una necesidad básica que además repercute en la productividad y motivación de los empleados, por lo que el beneficio es doble.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado un escrito en el que contextualiza y explica los fundamentos y modelos de entorno de trabajo saludable según la ONU, y lo define de la siguiente manera: “Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no la simple ausencia de la enfermedad.” Cuenta que la inversión en la salud de los empleados aumenta la rentabilidad y competitividad en la empresa, entre otras cosas.

A este ‘nuevo’ concepto se han unido el Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social, AENOR y la Sociedad de Prevención de FREMAP, publicando el libro ‘Modelo de Empresa Saludable’. Fundamentado en los principios que publica la OMS su intención es proponer las bases para crear un sistema de gestión saludable para la identificación, planificación, ejecución y evaluación de las actividades esenciales para la protección y promoción de la salud en cualquier tipo de empresa.

En este libro consideran clave para un trabajo saludable los siguientes aspectos:

– Ambiente físico (agentes químicos, físicos, biológicos, ergonómicos, etc.).

– Ambiente psicosocial (cultura institucional, estilo de mando y control, conciliación, acoso, etc.).

– Recursos de salud (inactividad física, alimentación inadecuada, consumo de sustancias nocivas, salud mental, envejecimiento, etc.).

– Participación de la empresa en la comunidad (familias de los trabajadores, traslado de los conocimientos a la comunidad, aspectos ambientales, etc.).

En este enlace podéis leer algunas partes del libro: la introducción, el prólogo y principios de los sistemas de gestión de empresa, que os pueden ayudar a vuestra propia funcionamiento responsable. http://www.aenor.es/aenor/normas/ediciones/fichae.asp?codigo=9819&temporal=busc#.UJojFG9mIg4

La responsabilidad social también es animal

¿Eres de los que abandona a sus mascotas? La pregunta suena cruel, pero es una realidad en esta estación. ¿Cuántos animales nos encontramos vagando por las calles en verano?

Las organizaciones luchan por la inclusión de los animales de compañía en la sociedad, intentando concienciar a la población de la responsabilidad y compromiso de por vida que se adquiere al acoger una mascota en nuestras casas.

Una de las que lucha en esta misión es la Fundación Affinity, realizando campañas sonadas como la de “Él nunca lo haría. No le abandones” y publicando estudios como ‘El abandono de animales de compañía en España’. Su fin es provocar la reflexión de la sociedad sobre las causas y consecuencias que trae el abandono.

En este estudio podemos conocer datos como las características de los perros que más se abandonan, el perfil de los dueños, los motivos, los centros de acogida que existen y lo más importante, las medidas para erradicar esta mala práctica. 

Por otro lado, os dejamos una web/foro para poner en contacto a personas que quieren regalar o encontrar mascotas: http://www.regalomascotas.com/, evitando que se produzcan los abandonos en las calle o incluso en las perreras. La responsabilidad social también es animal.

 


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